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viernes, 5 de mayo de 2017

Margarita Vargas y su (amarga) marcha de la Sonora Dinamita

Margarita Vargas (Medellín, 1960) no era quizá la candidata más ideal para ser la primera vocalista de uno de las agrupaciones más míticas de la cumbia colombiana e internacional: La Sonora Dinamita. En principio, no resultaba una mujer especialmente guapa, ni estilosa, y ni siquiera se movía bien en el escenario; además, la primera vez que le propusieron cantar cumbias, pensó que si estaban locos.


Sin embargo, una voz excepcional y su entrega y profesionalidad consiguieron conventirla en una de las artistas más aclamadas del género, tanto en el tiempo en que estuvo vinculada a la profesión (segunda década de los 80) como en su posterior carrera en solitario.

 
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La presencia de Margarita en la Dinamita, como ya se comentó en una entrada anterior, supuso, en la humilde opinión de quien esto escribe, la época dorada de la banda; no sólo fue que las canciones de estudio acabaran teniendo un gran éxito, siendo como eran canciones con muy buenas letras, pegadizas y de mucho ritmo (temas inolvidables como La colita, Oye, abre tus ojos, Que nadie sepa mi sufrir... ), sino que las interpretaciones en directo resultaban todo un espectáculo divertido, entrañable y en ocasiones hasta picante.




Sin embargo, la marcha de la futura Diosa de la Cumbia, que podría entenderse por sí misma sin necesidad de mayores explicaciones, quedó muy lejos de ser algo normal o pacífico. El abandono, tal y como se cuenta en el programa Historias engarzadas (TV Azteca), acabaría siendo especialmente dramático y, si no fuera por la gravedad de lo acontecido, propio de una telenovela o culebrón y otro triste ejemplo de que la realidad, tan a menudo, supera la ficción.



Si bien es cierto que sólo se escucha la versión de amigos, familiares, y de la propia Margarita, en este amargo guión no faltó casi de nada: abuso profesional, celos amorosos, adulterio, cárcel, un funeral tristísimo, alcohol... y en el que queda, en principio, en muy mal lugar el histórico representante y líder de la banda, Lucho Argain. Queda a juicio del lector/a la valoración de aquellos acontecimientos.

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lunes, 29 de abril de 2013

Cumbias con humor picante

Si en la entrada anterior se veía el humor suave, blanco, de la excelente Casi perfecto de la Banda Kañón, esta entrada está dedicada al humor picante, con albur que se dice en México, lleno de dobles sentidos.

Además, el humor sirve para presentar a uno de los grupos más importantes (si no el que más) de la cumbia de las últimas décadas: La Sonora Dinamita. En su dilatadísima historia, este grupo o sonora colombiana ha cambiado de componentes y cantantes, viviendo quizá su mejor época en los años 80, cuando la dirigió Lucho Argaín y la vocalista era Margarita Vargas Gaviria, quien después se iría a vivir a México a seguir su propia carrera, siendo conocida como la Reina de la Cumbia.



La primera muestra de ese estilo humorístico se mete de lleno en las clásicas historias de cuernos, en este caso revestida además de un problema racial. La solución del problema no puede ser más divertida... ni inesperada. ¡Capullo y sorullo!


En esta entrada hemos querido poner la canción como se grabó originalmente. Sin embargo, el siguiente vídeo, a pesar del mal sonido, muestra de una forma maravillosa la puesta en escena del grupo: brillante y tremendamente jocosa. La actuación de alguno de los componentes, sencillamente, no tiene precio... como el ritmo con que cantan y se mueven.




Y la canción hace temer lo peor: ya sólo el título es toda una declaración de intenciones.

SORULLO Y CAPULLO

Había una vez en mi pueblo un matrimonio
rubio como la mantequilla.
Yo puedo dar mi fe y mi testimonio
que lo que digo no es ninguna mentirilla.

Del matrimonio nacieron nueve hijos,
ocho salieron rubiecitos;
y yo lo vi, a mí nadie me lo dijo,
el noveno resultó ser bien negrito.

El marido soportó por muchos años
pero a la larga, el silencio le hizo daño
y decidió confesarlo a su mujer,
así lo hizo y ahora ustedes van a ver.

Oye, Capullo,
a todos los quiero igual,
todos son angelitos
y los llevo aquí en el alma,
pero hablemos del negrito
mami, sin perder la calma.
Dime, Capullo,
¿es hijo mío el negrito?
pero, dime, Capullo,
¿es hijo mío el negrito?
Y ella le contestó:
Oye, Sorullo, el negrito
es el único tuyo.

Y allí la bomba explotó,
el matrimonio acabó,
ella se fue con los 8 y
él con el negro cargó.

Del mismo modo, La frutera viene cargada de simbolismo sexual, con expresiones tan ¿equívocas? como No toques la papaya pues me hace estremecer o Tengo para la venta melones y bananos. La vocalista es Luz Stella Montoya:




LA FRUTERA

Oye papacito soy la rica frutera.
La negra sabrosa me llaman a mí
Por la venta de frutas que ofrezco feliz
Soy la negra más dulce que tiene la región
Por la venta de frutas que ofrezco con amor.
Tengo para la venta melones y bananos
Y muy dulce traigo la piña y la papaya

No toques la papaya pues me hace estremecer
La tengo muy blandita y todos quieren comer.
Chupa y saborea la fruta jugosa
Vuelve y chupa y saborea
Que si está sabrosa
Chupa y saborea la fruta jugosa
Vuelve y chupa y saborea
Que si está sabrosa.
“Ay corazón tócame la papaya”

Soy la cumbia morena, me dicen al pasar
Pues muevo las caderas como lo hago al bailar
Tengo para la venta frutas para escoger
Cocos y melones disfruta con placer.
Traigo esta rica fruta para saborear
Piñas y cerezas para disfrutar
Ay cómprame la piña
Que la tengo madura

Tóquela papacito y compruebe su ricura.
Chupa y saborea la fruta jugosa
Vuelve y chupa y saborea
Que si está sabrosa
Chupa y saborea la fruta jugosa
Vuelve y chupa y saborea
Que si está sabrosa.

“Que rico, así, así, bailándola como lo hace La Sonora Dinamita”